Tainas de Matarrubias


                                                                      Manoli Rodríguez

 

El viernes 9 de febrero Pepe, Alicia, Álvaro y yo (Manoli), alquilamos una casa rural en Casarejos (Soria) porque el sábado queríamos hacer la sima de Las Tainas de Matarrubias.

Nos levantamos sin prisa porque la cueva nos pillaba cerca y desayunamos “como señores” mientras esperábamos a Pedro. Café recién hecho, bizcocho y hojaldres de almendra artesanos, ¿se puede pedir más?

Salimos los cinco hacia las tainas de Matarrubias y enseguida localizamos la sima. El objetivo era hacer una nueva descripción y una track. Al día siguiente de solicitar el permiso, nos advirtieron que en la última medición se había apreciado que el nivel de oxígeno había descendido bastante más de lo normal, así es que tomamos las medidas oportunas y bajamos con “nuestro medidor de oxígeno”. Antes de que cunda el pánico y para que el apreciado lector pueda seguir el relato sin sobresaltos, os adelantaré que en ningún momento el nivel de oxígeno descendió a índices que no fueran normales, jjj…

 Pepe decidió instalar y los demás fuimos bajando tras él.

He de mencionar que la torca de entrada es muy bonita, que por su diámetro y por el hecho de que sus paredes están tapizadas de helechos, le confieren una belleza singular.

Tras el pozo de entrada descendimos una rampa que nos permitía ver a los compañeros.

Luego empezamos a descender el P71 con algún que otro “entretenido” fraccionamiento volado. Una vez abajo, y tras medir el nivel de oxígeno, nos fuimos a hacer el pequeño recorrido horizontal. Después de descender un pequeño destrepe con cuerda de nudos, bajamos una serie de embarradas rampas. Tras andar unos metros más, accedimos a una zona muy bonita de techo bajo con pequeños gours en la que tuvimos que ir bastante agachados y nos tocó mojarnos un poco. Aquí cada uno lo pasó al estilo “Frank Sinatra”, o sea “a su manera”. Pepe y Alicia, que habían hecho esta sima “años ha”, nos comentaron que en aquella ocasión estaba seca.

Volvimos de nuevo a la base del pozo y comenzamos el ascenso. Aquí empezamos a notar que cuánto más larga era la tirada más apreciábamos la “falta de oxígeno”, ja, ja, ja.

 

A las seis y media estábamos todos fuera. Hacía mucho frío, así es que no nos demoramos mucho y pusimos rumbo a la casa. Estuvimos un rato hablando con Pedro antes de que se fuera para Madrid. Los demás, nos dimos una ducha calentita y preparamos la cena. Lo mejor vino después, una larga velada junto a la chimenea riéndonos de las anécdotas de la jornada y recordando lo bien que lo pasamos siempre que surge una salida. Nos gusta mucho ir de simas, pero… indudablemente el “post cueving” casi nos gusta aún más…

 

Con el paso del tiempo no recordaremos las palabras de nuestros amigos; pero sí los momentos vividos junto a ellos.

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